Debido a la cuarentena tuve mucho tiempo para reflexionar y pensar sobre todo eso que hacía a un lado, y al ver las cosas a distancia hay mucha más claridad.

Me di cuenta que había vuelto a mi zona de confort, por lo que deje de cuestionar lo suficiente y me resguarde de todos los cambios internos que estaba pasando.

Había adquirido tantos conocimientos sobre mi y la vida, estando fuera de mi zona de confort, que al regresar no lo supe manejar. Era un temor entre no soltar eso que quería que se quedara conmigo y aprender a soltar eso que ya no me correspondía.

Dicen que cuando te vas y regresas “nada cambia” y en lo personal, todo había cambiado. Lo que me hizo refugiarme desde el miedo y no desde el amor, lo cual genera apego ante situaciones que tal vez no aceptaría o que habría tomado diferente.

En fin, eso duró un corto tiempo, puesto que por la cuarentena tuve que cambiarme de ciudad nuevamente. He tenido tanto tiempo para mi, que no hay forma de hacer a un lado los pensamientos porque si no los escucho, siempre regresan.

Al principio, como todos, no entendía lo que estaba pasando y no me refiero al virus sino a la nueva normalidad. Las primeras dos semanas las sufrí, mi cabeza no dejaba de girar, me empecé a dar cuenta de muchas cosas que no quería ver.

Después decidí que no podía ser así, acepté la realidad y empecé a respirar al atender mis inquietudes, cosas que tenía que reforzar o que tenía que trabajar, y a poner los pies en la tierra.

Empecé a mejorar hábitos, a conectar conmigo y a buscar más cosas que me aportaran. Es increíble lo importante que es trabajar el amor propio todos los días y el cuidarnos tanto física como emocionalmente.

Terminé de aceptar y perdonar cosas que no digerí por muchos años, lo cual me hace sentir paz sobre el pasado. Y calma hacia el futuro porque estoy orgullosa de la persona que soy y de la que me estoy convirtiendo.

En fin, solo puedo dar las gracias porque esta “pausa” a lo que estábamos acostumbrados me llevo a terminar de aterrizar ideas, conocerme mejor, responder a incógnitas y empezar a tomar mejores decisiones donde no caben las excusas.