Como admitir que algo que en realidad nunca sucedió. Como superar algo que nunca tuvo nombre. Éramos un remolino de sentimientos, emociones y afecto que no podíamos nombrar. Ahora lo veo y supongo que era demasiado pronto. Aún no era nuestro momento. Tal vez fue demasiado pronto, sin duda ninguno de los dos estaba listo para admitir nada. Casi fuimos "algo". Tal vez fue algo bueno que ese "algo" no sucediera o hubiéramos terminado con el corazón roto. Ahora me doy cuento de todos los "tal vez" que hay entre nosotros. En persona nos costaba vernos a los ojos, supongo que por temor a reconocer en la mirada del otro lo que tanto temíamos; a duras penas soportaba saludar normalmente, como lo haría con cualquier otra persona, pero tú no eras simplemente otra persona, eras tú, siempre fuiste tú. Por mensajes era diferente, éramos más audaces, pero eso no significaba que nos afectara menos. Me esforzaba por leer entre líneas, cada palabra podía implicar algo más. Yo misma releía una y otra vez mis mensajes antes de asegurarme de no enviar algo que enviara una idea equivocada, pero que al mismo tiempo te diera una pista de lo que sentía. Nunca fui muy buena leyendo entre líneas. Llegó un momento en el que ninguno de los dos podía negarlo más, nunca lo dijimos en voz alta o por escrito, pero ambos lo sentíamos; lo sé, porque encontraba en tu mirada lo mismo que miraba en el espejo cada vez que terminaba de hablar contigo. Lo sabía. Tú lo sabías. Ambos lo sabíamos pero nunca admitimos nada. Y eso me estaba matando por dentro, que la única persona de la que quisiera hablar sobre lo nuestro era contigo. Me estaba quebrando. Por que te necesitaba y aún así no podía acudir a ti en esos momentos. Fuimos algo maravilloso, no necesitábamos palabras, todo podíamos sentirlo a través de nuestras medias miradas, a través de nuestros torpes toques y a través de nuestras palabras no dichas. Pudimos haber sido tanto...

Pero nunca lo fuimos.

Y nunca lo seremos.

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