A lo largo de mi vida, siempre he creído en la humanidad, ingenuamente, ciegamente, tontamente, pero le he tenido fe.
Claro, a veces esta fe se esconde bajo capas y capas, escudos y otras armaduras, pero en sí, podría decir que esta fe es un núcleo.
Si a veces digo que la humanidad es desastrosa, creo en que se puede componer a sí misma.
En mis años adolescentes cuando creía en el "romanticismo obscuro" y en esta desdicha sobrehumana que caía sobre el mundo y la vida de los individuos, aún así creía, muy fielmente, bajo las capas, en la humanidad. Como dice Geertz "El ser humano está suspendido sobre una telaraña de significados que él mismo ha creado". Creía que los humanos eramos animales con sentidos, desviados, dolidos y tristes. Aún así creía que podían salir de las tragedias y las visiones nublosas negras que ellos mismos habían creado.

Y una vez más, mi fe se confirma con lo que ha sucedido estos ultimos días, los sismos en México han sido tragedias que a casi toda la población le pesan (menos a los políticos y a los empresarios).
"Soy un ser humano, por lo tanto, nada humano me es extraño". He aquí como de todas partes del país hemos llorado, ayudado, y empatizado con todas las personas que han estado envueltas y sepultadas bajo escombros, pero que aún se tiene la esperanza de salvarlos.

Hay una visión que dice que la naturaleza es cruel con nosotros, pero la naturaleza simplemente es. Sin embargo, la bondad puede construirnos de nuevo, a nosotros mismos, entre nosotros, siempre.