Llegué a casa a las 22 horas del día 16 de marzo de este año, me despedí con un beso como cada lunes de cine, cerré la puerta y lo miré alejarse desde la ventana, subí hasta mi habitación esperando su mensaje cuando ví aquella noticia.

Había estado al tanto de los acontecimientos alrededor del mundo después de leer aquella alerta del gobierno chino hacia la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre una nueva enfermedad que se estaba extendiendo por la ciudad de Wuhan. Los pacientes estaban cursando con una fiebre misteriosa, tos seca y neumonía atípica. Muy pronto comenzaron a reportarse las primeras muertes. Las autoridades reportaron que el nuevo virus era SARS-CoV-2. En aquel momento se veía lejano, estaba literalmente al otro lado del mundo, fui demasiado inocente o tal vez sólo ingenua.

17 de marzo, es la fecha en que dió inicio la cuarentena en mi ciudad, los primeros días fueron fáciles de llevar, era parecido a un respiro de mis actividades, el poder dormir más de la cuenta, comer en casa y descansar de todas las vueltas que daba a diario, me dieron una recarga de energía. Por mi parte cierta incertidumbre llegó, antes de que se cumpliera el primer mes, fue ahí cuando comencé a pensar cómo llevaría a cabo mi vigésimo segundo cumpleaños, deseando con todas mis fuerzas que el confinamiento se terminara. Ya deben de imaginarse cómo me sentí la mañana del 16 de abril al ver la noticia que circulaba para México “Se extiende cuarentena por coronavirus hasta el 30 de mayo: López-Gatell”, en un acto de dramatización profunda me tiré al suelo en protesta por tan terrible noticia, pensé que no celebraría mi cumpleaños ¿Cómo podría hacerlo?

Cuando la información comenzó a llegar cual bombardeos a pelotón, decidí limitarme a leer dos noticias por día, una a la mañana, la otra por la noche, para tratar de llevar un seguimiento, sin embargo llegó un punto donde este tema se veía en cualquier plataforma y si no lo estaba, siempre existía la manera de hacerlo presente. Así que opté por hacer lo que mejor me sale cuando no conozco la respuesta de algo: observar.

Agradecí por tener una familia tan unida, mi cumpleaños llegó a finales de mayo, agradecí por mi vida como en años pasados, esté sin duda será uno de esos recuerdos que no faltará de ser nombrados en las reuniones familiares a futuro.

En casa cambiaron varias cosas, tales como la rutina de limpieza, la manera de comer y obviamente el distanciamiento social, los días se tornaron diferentes, así como las noches, como si de un domingo eterno se tratara. Sin embargo, si veo un punto positivo, tenía años de no pasar tiempo de calidad con mi mamá, ver alguna serie con papá y hablar hasta la madrugada con mi hermana menor. Los jueves de juegos de mesa se han convertido en una tradición.

Retome hábitos que había perdido por falta tiempo; redescubrí mi amor por la lectura ya que me lleva a diferentes mundos desde la comodidad de mi habitación, sigue siendo uno de mis transportes favoritos , volví a tomar el lápiz para dibujar y colorear todo lo que tuviera a mi alcance, regresé a recitar los poemas que tenía guardado en mi memoria y la escritura que siempre me ha mantenido cuerda a lo largo de la vida, brotó como si de una erupción volcánica se tratará. Pero también llegaron nuevas habilidades, tales como la edición y la cocina, aún no domino la guitarra, pero aprendí a tocar todo un minuto de “Para Elisa” en ese piano de juguete que tenía escondido.

Al día de hoy, la rutina del día a día ha seguido en constante cambio, los lunes con mi novio siguen siendo tardes de cine, sólo que ahora la función inicia las 22 horas justo como cuando llegaba a casa, el beso de despedida se siente del otro lado de la pantalla y le doy una sonrisa hasta que apaga su cámara. Los viernes sociales se convirtieron en videollamadas con mis amigas y las pijamadas en trasnochar hablando por mensajes, siguen sin faltarnos las risas.

Antes contaba los días de encierro pero perdí el interés cuando caí en cuenta que no soy rehén de ninguna guerra. sigo al tanto de lo que ocurre afuera, de los negocios cerrados y la situación de los lugares públicos, soy consciente de que mi último semestre en la universidad no será como lo imaginé, pero también entendí que podemos aprender algo de toda esta situación, ya sea tratar de conocernos a nosotros mismos o apreciar lo que es verdaderamente importante para uno. Tratar de comprender que con el tiempo todo pasa, así poder reconocer el arte que existe en el silencio y los pensamientos.

Marianne Acosta.