La chica llevaba sus zapatillas rojas a dónde quiera que fuera; incluso cuando iba a una iglesia.
Una vez que la chica se ponía sus zapatillas, sus pies comenzaban a bailar solos.
Y no podía dejar de bailar ni sacarse las zapatillas.
Pero aún así... La niñita nunca dejo de querer las zapatillas.
Al final, el juez debió cortarle los pies. Pero incluso luego de habérselos cortado, siguieron bailando en las zapatillas rojas.

"Hay cosas que no pueden separarse, por mucho que uno lo intente".
Por eso la obsesión es algo noble y hermoso.

¿Conoces, zapatillas rojas escrita por Hans Cristian Andersen?

Drama: Está bien, no estar bien