Hola, es curioso escribirte esta carta, no nos conocemos en persona y aun así siento que te conozco. Has desempeñado un papel importante en mi vida, o quizá sólo tu fantasma vive en mi mente, atormentándome en las noches de soledad y en las tardes existenciales. No sé a donde nos llevara esta carta, pero en el camino lo averiguaremos, ¿te parece?
Empecemos por el principio, cuando apareciste repentinamente en mi vida. Un tarde cualquiera, él me platicaba de su primer día de escuela, y los muchos amigos que había conocido. Entonces mencionó tu nombre, yo lo dejé pasar, sin darme cuenta que eras el comienzo de mi peor pesadilla.
Unas semanas después, me clavaste la primera puñalada. Ahí estaba tu nombre en sus conversaciones. Hablaban por horas, mientras yo pensaba que estaba dormido. Él te decía cosas lindas, los mismos piropos que conmigo hacía tiempo ya no usaba. Le mandabas fotografías de los vestidos que querías ponerte, y él te decía cual te quedaba mejor, mientras a mí me decía que fotos no subir para no provocar a los demás. Se desvelaba por ti, cuando a mi me mandaba a dormir con te amos vacíos. No sabes lo mucho que dolió, en ese momento te odie como no tienes una idea.

Lo perdoné, tontamente. Me fallé a mi misma, como mujer, como persona. Interpuse mi amor por él, antes que mi amor por mí misma. Lo seguiste llamando, a pesar de qué te dijo que se alejaría. Yo le prohibí hablarte. Lamentablemente mi querido novio no podía resistirse a tus encantos. Y en las clases que no los veían, en los paseos, en los recesos, estaban juntos. ¿Se besaban? ¿Se tomaban la mano? ¿Se sentían la pareja imposible? Porque la novia loca no los dejaba ser feliz.
Si me hubieran dicho, créeme que me hubiera ido sin protestar. Pero nunca nadie me lo dijo. Al contrario, mientras ustedes tenían su amor prohibido, yo estaba en mi casa llorando, preguntándome por que no era como tú. Por qué no era perfecta, viendo cada una de tus fotos, analizando qué había salido mal. Me veía al espejo y me repugnaba. Iba a la escuela porque tenía que ir, lloraba entre clase y clase. No sabes cuantas veces mis amigas tuvieron que limpiarme las lágrimas, y los miles de pasteles de chocolate que me hizo mi mamá para hacerme sentir mejor.
Cuando pensé que no se podía poner peor, me terminó. Y lo peor, no me dijo por qué. Obviamente la razón tenia nombre y apellido, pero estaba cegada por el amor, y me tragué sus mentiras de “no me siento bien” “ya no soy la persona de la que te enamoraste” “necesito tiempo” “volveré”.
1 mes después me di cuenta de que ya estaban juntos. Que se decían cariños, se dedicaban canciones, se tomaban fotos, se besaban bajo las estrellas, y yo, como estúpida esperándolo.
De un día para otro todo cambió. Él ya no era mío. Era tuyo. Y yo me quedé ahí, vacía, sin saber a donde ir, ni qué hacer. Lloré como no tienes una idea, me arranqué el cabello del estrés, pateé paredes, me mordí las uñas para no llamarlo. Los días pasaban lento y las noches duraban una eternidad.
Me esforcé tanto por recuperarlo. Me creí la historia de que tu habías arruinado todo, que te habías entrometido en nuestro amor, y habías causado nuestro caótico colapso. Te culpé de todos mis males, de mi desamor, de mis dolores, de mis lágrimas al anochecer, de mis fríos en el invierno, de mis malas decisiones, de sus malas decisiones, de mis inseguridades, de mis miedos, de mi desilusión.
Viví un año odiándote, metiéndome a tu perfil para encontrarte algún defecto y hacerte parte de mis conversaciones para criticarte. Deseaba que cada persona me dijera lo fea que eras y lo tonto que había sido él por dejarme por ti. Pero eso nunca me hacía sentir mejor.
No sé por qué lo hiciste, no sé si estás arrepentida, si en algún momento pensaste en el dolor que me causarías. Si te causó un poco de culpa. No sé si hiciste todo esto para destruirme, y quizás nunca lo sabré, pero si sé algo. Mucho antes de que tu llegaras, lo que teníamos, ya no era amor.
Tu no fuiste la culpable de que él y yo termináramos. Él tomó la decisión que contestarte los mensajes comprometedores, de mirarte de reojo en las clases, de tomarte de la mano, de robarte un beso, de olvidar mis lunares y contar tus pecas. Él me partió el corazón, pero yo me rompí el alma, esperando a alguien que no me quería, deseando que nunca te hubiera conocido, y que aun fuera mío.
Quizá en este triangulo amoroso todos tenemos un poco de culpa, pero la que permitió que yo sufriera fui yo misma. Estoy cansada de verme al espejo y esperar ver una chica perfecta, porque tu no lo eres, ni yo, ni nadie. Estoy harta de odiarte, porque no me hace bien, porque la única que se queda con todo ese veneno soy yo.
Llegó la hora de dejarte ir, de dejar de compararme contigo, porque no existe comparación, somos dos universos completamente distintos. Hoy me libero de ti, dejo de ser tu sombra, dejo de ser una enemiga tuya, para convertirme en una mujer libre, que no te debe nada, ni tu me debes a mí.
No te prometo que te perdonaré esta noche, porque aún duele, pero estoy trabajando en ello, y sé que llegará un día en el que escucharé tu nombre y nada se moverá en mi interior. Pero hoy mismo decido dejar de culparte.
Espero estés bien, te deseo todo lo mejor del mundo, porque mereces ser feliz, al igual que yo y al igual que él. Nuestros caminos se cruzaron, pero hoy se separan para siempre. Nunca dejes de sonreírle a la vida, te prometo que yo tampoco lo haré. Aquí nos despedimos.
Hasta nunca, con respeto y humanidad, la chica del corazón roto.