Una brisa fría visitó la Montaña Jardín, los árboles se vestían de blanco y Nieves, el Hada del Invierno con su magia protegía cada una de las flores que allí habitaban, con sus alas hacía una cúpula cristalina que las cubría para protegerlas del frío del invierno y en ese tiempo dormirían para recuperar energías, pero, solo una flor despertaba con el invierno y allí estaba ella radiante, lucía hermosa, el Hada del invierno le habló:

— Despierta, despierta, ya es hora.—

Una flor con un brillo espectacular, brotó del suelo e iluminó toda la Montaña Jardín, poco a poco abrió sus pétalos que de forma majestuosa formaban una linda estrella y dijo con una voz apacible y dulce:

— Gracias, Hada del invierno, gusto en verte de nuevo Nieves—

El Hada Nieves le responde:

— Dulce Estrella, eres la flor encargada de protección en invierno a la Montaña Jardín, gracias a ti todas las especies vivientes se mantendrán intactas y vivas resistiendo el intenso frío.—

Dulce Estrella le pregunta:

— Nieves ¿por qué no puedo estar con mis hermanas, por qué tiene que ser así?—

El Hada del Invierno le explica:

— Dulce Estrella, tu madre la Reina Orquídea descansa en el invierno y tu como la Princesa de las flores quedas al cuidado brindándoles protección a todos. Debes entender que todos tenemos una tarea que cumplir, fuiste creada para este fin, si tu no existieras todos aquí podrían morir.—

La Princesa Dulce Estrella abrumada y triste le responde:

— Lo comprendo, lo sé, pero me siento tan sola no pueden verme, no puedo compartir con ellas, todos duermen mientras yo los contemplo.—

El Hada del invierno le aclara:

— No pueden verte, pero si pueden escucharte, si les hablas desde el corazón, ellas podrán entenderte y así las animarás para que resistan y se mantengan vivas.—

Dulce Estrella con una gran sonrisa y más tranquila le exclama:

— ¡no te preocupes Nieves haré mi trabajo, te lo prometo! Y me alegra mucho saber que podré ponerme en contacto con mis hermanas y mi madre.—

Y fue así, como desde aquel día, cada invierno, a pesar de todo el frío, las flores del jardín lucían radiantes en aquellas cúpulas cristalinas y Dulce Estrella desde su corazón expresaba su amor a cada una de ellas.

Tomado del libro La Montaña Jardín de mi autoría Raquel Peña disponible en @amazon