Nos encontramos con el deseo y la esperanza del advenimiento de precursores,
los hombres del porvenir que desde ahora remacharan la cadena y apretaran el nudo, que forjaran la voluntad de miles de años para emprender nuevas vías.
Sera necesario enseñar al hombre a que comprenda que
su porvenir dependerá de la fuerza de su voluntad,
que este porvenir depende de un deseo humano.
Sera, pues, necesario preparar grandes empresas,
grandes experiencias colectivas de disciplina
y de elección.
Si es que se quiera poner fin a esta terrible
dominación del absurdo y del azar
que ha llevado hasta ahora el nombre de la historia.

Digamos entonces a los espíritus libres, que hay que crear,
descubrir los caminos,
imaginar las pruebas que puedan conducir a un alma a ese grado de elevación
y nobleza en que sienta la obligación de asumir esta nueva tarea;
trastocar los valores, forjar a golpes de martillo una consciencia,
templar el corazón como si fuese acero para hacerla
capaz de soportar el peso de tal responsabilidad;
sentir la necesidad de jefes semejantes,
evocar el riesgo terrible que se corría si los guías desaparecieran,
fracasaran o se corrompieran,
son nuestros cuidados y nuestras propias tristezas,
vosotros lo sabéis bien, espíritus libres.