Alguna vez alguien me dijo que la razón por la que no le gustaba bailar, era porque le daba vergüenza. Yo no entendía a qué se refería, hasta que una noche comprendí que no era que le diera vergüenza bailar, sino que le daba vergüenza era con quien bailaba. Porque por muy mal que bailes, por poco ritmo que poseas en los pies, si tienes suficiente confianza y te sientes con la persona indicada, nada te da vergüenza, ni siquiera bailar.