Cuando te conocí me pareció un sueño ya que era irreal o simplemente algo que solo se ve en las películas. No olvidare tu mirada de ninguna manera ya que cada vez que cierro mis ojos, esta allí; tan intensa, tan nítida pero sobre todo tan clara que aun siento que me sigues mirando aunque estemos a mil kilómetros de distancia. Eres inolvidable y creo que lo sabes porque cada vez que intento hacerlo vuelves y con solo recibir un mensaje tuyo caigo rendida a tus pies, me siento tan tonta porque se que después de un tiempo te aburres de mi; de la atención que te doy y el amor que quisiera darte, pero a pesar de eso cada vez que me hablas vuelve a mi la inocente ilusión que si me quieres de verdad.
Esta noche lo soñé y fue tan vívido que no me quería despertar, estaba entre tus brazos tan cerca de tu pecho que escuchaba los latidos de tu corazón que tranquilizaban el mío y le daban ese compás de paz que solo tu me lograbas transmitir, tu cabeza apoyada sobre la mía y tu cuerpo emanando calor que me hacía sentir que allí era mi hogar uno nuevo del que no me quería apartar nunca. Te despegaste un poco de mí para lograr mirarme con esos ojos tan hermosos que yo no sacaba de mi mente, que me hipnotizaban y no me dejaban pensar en otra cosa que no fuera mirarlos el resto de mi vida. No tenía la certeza de donde estábamos y tampoco quería tenerla ya que de alguna manera yo sabía que aquello tan perfecto no era real pero aun así me aferraba a la posibilidad de que si lo fuera... Acercaste tu cara a la mía y la tomaste entre tus manos, podía sentir tu respiración y lo único que hice fue sonreír ambos nos mirábamos como si quisiéramos atesorar ese momento. Pensé que ibas a besarme de lo cerca que estábamos pero simplemente no dejabas de mirarme, de pronto salieron unas lagrimas de mis ojos pero no podía dejar de sonreír ya que aunque sabía que solo era un sueño por un momento te pude tener cerca de mi otra vez.