El reloj marcaba apenas las 8:30 pm, no es como si me importara pero la noche era joven y yo también; Aun así, estaba ahí en la puerta de mi casa, cansada, adolorida y juraba que mi cuerpo despedía un aroma que estoy segura era mata pasiones. No hacia mucho frio durante esa noche en particular pero no podía a detenerme a disfrutar de tan agradable detalle después de haber pasado casi 12 horas seguidas trabajando en aquella mugrienta cafetería. Mi mejor amiga por supuesto me pidió que la cubriera para que ella muy folcloricamente pudiera salir de fin de semana con el tarado de su novio. No es que me importara pero ahí estaba yo desperdiciando mis años de juventud solo para que ella viviera los suyos.

Entre y lo primero que vi fue oscuridad, mis ojos tardaron en acostumbrarse, deje mis llaves el paraguas que no use y me quite los zapatos para mayor comodidad. El aroma en la casa era húmedo y había un particular olor a tierra mojada que me causaba curiosidad – pero si hoy no llovió– me dije a mi mismas. temiendo que fuese un ladron me dirigí a la cocina y me dispuse a enfrentar la amenaza.

Prendí La Luz y sorprendi al ladro, estaba acostado descaradamente sobre la alfombra, ahora negra, sus ojos me miraban fijamente pidiendo clemencia y se acerco a mi cautelosamente cual niño recién regañado. Trate de mantener mi postura firme y mis ojos centelleantes de autoridad pero no me duro mas de un minuto mi fuerza de voluntad y me abalance sobre el. Su colita me golpeaba la cara y su lengua me cubría de babas y manchas aun de lo que había sido la escena del crimen. Aquel maravilloso peluche amarillo cobrizo me saludo por lo que para mi fueron horas hasta que se detuvo y yo me senté en el piso.

– no se que hare contigo – le acaricie su cabecita peluda y con una sonrisa recogí su desastre y ambos degustamos una comida poco después.