Escuchar tus gemidos como música para mis oídos.
Que mis dedos pasear lentamente por tu cálida piel, y que mi lengua pueda saborear el dulce néctar de tu cuerpo, sentir el calor elevándose hasta quemarnos juntos por dentro.
Oír tu respiración agitada intentando no evidenciar tu placer, ¡dulces son los frutos del pecado!, exclamas en tu mente.

Mientras tu cuerpo tembloroso te delata, tus ojos fijos vidriosos me muestran todos tus sentimientos.

La despedida de nuestros cuerpos, llenos de pasión, de enseñanza, luchando por permanecer y no terminar, luchando por seguir, tus manos sudadas, recorriendo mi espalda, buscando algo para aferrarse, tus dedos se clavan en mi glúteo, y tus uñas buscan penetrar mi alma.

Llega el final, los cuerpos conectados, buscan mantenerse, mientras los corazones suenan al mismo ritmo y el aliento se va, correrse unos a otros, perseguirse hasta el final, han llegado a la meta, las bestias vuelven a ser humanos con cuerpos humedecidos de placer.

La lujuria se esfuma, solo quedan dos almas, un silencio impenetrable... y dos cuerpos en cenizas.