Me volví fría de tanto. De tanto dolor, de tantos engaños, de tantos recuerdos, de tantos vacíos, de tanto sentir, de tanto esperar, de tanto confiar, de tanto amar.
Aprendí que aunque uno de en abundancia, no siempre es lo mejor. No es lo mejor para uno. Para nuestra persona. Nuestra mente. Nuestro corazón. Todo se gasta y se daña de tanto uso.
Así se me gastó el corazón, se me dañó de tal manera que no siento nada, me volví fría.
El dolor es algo que penetra en el corazón y lo marca, lo daña y lo vacía.

Los recuerdos de tu persona me han dejado marcada y fría, me han dejado vacía. Te extraño tanto que aun te recuerdo. Todos los días que me despertabas y me sacabas a pasear. Me mimabas y me cuidabas. Era y fui tu única nieta. Y tú eras mi único abuelo. El único que más me dolió. El que más me desgarró con su muerte. El primero que me dañó.

Luego de tantos años criada a los empujones sin ti, entraron personas a mi vida que se volvieron familia, me cuidaron, me enseñaron y me amaron.
Hasta que llegó. El dolor del engaño. De ver que esas personas no son lo que aparentaron, y solamente te utilizaron.
De un día para el otro me quitaron, me quitaron la confianza que tenías en ellos y me dejaron, me engañaron. Y solo se fueron. Así de un día para el otro tampoco estaban.

Después llega tu mejor amiga, la que siempre estuvo esa que nunca te daría la espalda y haría lo que sea para protegerte, para cuidarte. Pero te apuñala por la espalda. Me quita el chico que me gusta. Juega con tus emociones y me lástima. Me marca, me vacía. Ya no me ama. Solo se va.

Y ENTONCES, cuando te hayas vuelto lo suficientemente frío de tanto dolor dejarás de sentir y cuando dejes de sentir nada podrá lastimarte, nada podrá dañarte porque dejarás de amar, dejarás de usar el corazón y solo tu mente controlará y dominará tu cuerpo. Así sobrevivirás.