Hay ocasiones en las que no quiero sentir absolutamente nada que es en realidad la mayor parte del tiempo, me concentro tanto en mi objetivo que reprimo todas las emociones como un mecanismo para sobrellevar mis problemas.

Pero... algunas noches me toman desprevenida y por más que me esfuerce en mantenerlas a raya, se plantan y me embisten cada vez con más fuerza.

Y como una ola gigante me cae toda la basura que tanto intenté ocultar. Todas esas emociones y sentimientos me invaden desmoronando la barrera que me costo tanto levantar, es cuando empiezan las lagrimas como una pluma abierta cayendo sin poder retenerlas.

Sin poder hacer algo, solo dejo que salga todo lo que me atormenta, lo que me asfixia.

Hasta llegar a sentirme vacía, sintiendo pena por mi misma, sintiéndome sucia y como una niña pequeña tan frágil que cualquier cosa puede causar más grietas en ella.

En algún punto de mi desequilibrio emocional entro en razón y digo YA BASTA. Tomó toda esa mier** que me enferma y la encierro en una habitación con mil puertas en lo más recóndito de mí. Sin embargo eso no es suficiente, siguen llegando más noche así.