Dile no a la flojera mañanera.
Seguimos sumidos en simples pensamientos y suaves caricias apenas perceptibles. Y sinceramente estoy algo cansada del trajín de ida y vuelta, del hecho de pensar en un millón de cosas de camino a la universidad y de regreso a casa. No hay demasiados sueños que ronden mi cabeza. Desearía tener un mar de ideas y cuentos por escribir; donde el lobo feroz no sea el malo de la historia y los cuentos de hadas no se limiten a la fantasía. Quiero llenarme de chocolates blancos y llorar por un amor basado en café y libros sacados de wattpad. Decir que sí sintiendo un no. Escalar una montaña, querer rendirme y negarme a bajar porque ya llegué a un punto muy complicado como para bajar. Reírme por eso y tomar el ascensor. Pedir abrazos y dar gracias. Querer mucho y arrepentirme poco.
Una carta corta, sin destinatario, ni razón.