Bien, quiero contarles mi historia.

Siento que necesito contarle esto a alguien, pero no tengo realmente a nadie para hacerlo, así que espero que esto les ayude en algo a ustedes también.

Siempre le pedí a Dios, Universo, como deseen llamarlo, un amor de adolescencia, alguien con quien pudiera contar, sentir cosas nuevas, descubrir un nuevo lado de mí y poder crear una historia de amor cliché de las películas.

A veces me preocupa pensar que, en el futuro, cuando tenga hijos, nietos, no tener una historia de amor adolescente para contarles. Es decir, con qué experiencia los podré aconsejar, qué les podré contar de mí, sí nunca me ocurrió, si no tengo fundamentos para acompañar cada uno de las palabras para ayudarles.

Hay mucha controversia sobre si existe el “amor a primera vista”. Bien, yo no creía hasta que me ocurrió, la verdad a veces me pongo a pensar si fue solo atracción, pero no, eso no era solo atracción, lo que yo sentí era algo totalmente diferente.

Estaba en un curso, aquel día iban a entrar estudiantes nuevos, para mí era normal, así que continué con mis ocupaciones, pero alcé mi cabeza y volteé a mirar, y como una típica película de amor, sentí una conexión que jamás había sentido.
Los días pasaban y se hacía más fuerte, no podía dejar de pensar un segundo en él, me sentía hechizada.

Tuvimos muchos acercamientos, coincidencias, miradas, roces, una vez lo encontré en la calle coincidencialmente, y demás cosas, que a pesar de todo nunca significaron nada.

Hablamos una que otra vez por WhatsApp, pero nunca en persona. Sólo el último día porque yo me le acerqué, pero nunca más.
Le agradé a su padre, nos tomó bastantes fotos juntos, sí suena raro, pero sí.

Acepto que me he sentido baja de energía, y me pregunto si nunca le gusté, si ni siquiera le atraje un poquito.

Él es el típico chico que le habla a muchas chicas y tiene a muchas haciendo fila. En mi curso ya le había dicho a tres, y por fuera ni me quiero imaginar cuantas más.

Él no vale la pena, para nada, pero no puedo culpar a mi corazón de sentir lo que sintió.

A veces me siento como una tonta, de pensar que algún día me hablaría y estaba tan mal, que no me importaba si le hablaba a mil más, si estaba también ligando a mil más, con tal de tenerlo unos minutos. No me valoraba.

Sin embargo, aprendí mucho, es una de las experiencias más enriquecedoras que he tenido este año.

Gracias por leerme.
Keep Dreaming, Keep Doing.