Entre tanto prejuicio no me escucho, mi mente está sorda; ya no oigo el motivo por el que lucho.

Tú estudiaste para algo para agradar a la sociedad, yo hago lo que quiero aunque se retrase mi triunfo. Al menos disfruto.

No me supone ningún esfuerzo quedarme despierta cuando todo está oscuro, con tan solo la luna como foco. Y es que solo es duro hasta el momento en el que no importa pasar horas y horas haciendo algo que gusta. Porque lo que va a hacer que consigas lo que quieres, es esa carrera, ese ciclo o curso en el que llevas pensando meses; y no el trabajo que te imponen solo porque abre más puertas, aunque tú y yo sepamos que es a base de darte golpes.

Y créeme cuando te digo que cuesta ganar una carrera cuando el motor del coche está atascado de tanto reproche, de tantas palabras que dan sentido a la idea que tiene la gente de que para conseguir algo debes quedarte atascado en el barro de un mundo al que no perteneces, aún sabiendo que eso no es lo tuyo.

No consigo verme, de tanto complejo se ha roto el espejo, mira tú por donde otros siete años de disgustos, algo a lo que ya acostumbro. Que si sobra de aquí, que si falta de allá, el caso es hacer sentir mal. Como la tontería de la piel, del color o religión. Si eres diferente ya eres mala gente. No te rayes, solo es envidia, tienes lo que ellos quieres.

Porque hoy en día parece que solo vivimos para encasillar y etiquetar, aunque no nos demos cuenta de que lo más bonito que tenemos es la diversidad, en todas sus formas y sentidos, porque si se supone que es tu amigo, que más da su genética mientras no paréis de reiros.

y por fin abro los ojos,
cierro los oídos para no oír a otros.
quiero salir y gritar
esta soy yo
y no me vais a cambiar.
que si lo hago es por mí
y no por por los demás.

-Elvira

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