De pronto, mi corazón comenzó a bombear sangre de manera estrepitosa, como si bombeara todo aquel fluido que se mantuvo absorto y perezoso durante mi periodo inerte. Mi mente comenzó a reproducir toda una serie de imágenes a estilo película antigua, las cuales trajeron a mi memoria, los melosos momentos que viví a tu lado.
En aquel momento, mi cuerpo reconoció una presencia que se creía ausente ante mí por mucho tiempo: eras tú.
Todo sucedió en un abrir y cerrar de ojos, por lo que no me cuenta del momento en que mi vida se acabó para siempre.
El día que desperté, cumplí cinco años de haber estado en coma, debido a un estúpido accidente sobre las vías del tren... Lo único que recuerdo a tu borrosa silueta corriendo hacia mía, mientras mis gritos y alaridos de socorro se veían sofocados por el ruido de la locomotora.
Mis piernas desaparecieron, y mi alma quedó despedazada de por vida. No sé qué probabilidad avía de sobrevivir a dicho suceso... Ojalá hubiera muerto.

Lo primero que vislumbraron mis tímidos ojos al volver a la vida, fue tu pequeño cuerpo tendido sobre u sillón, luchando por mantenerse despierto. Cuanta ternura invadió mi ser.
En cuanto te percataste de que tú momento más ansiado durante todos aquellos años por fin se hizo realidad, te levantaste de golpe y corriste a sentarte a mi lado.
Ni después de tantos años de admirar tu sublime belleza ni de sentir tus suaves caricias sobre mi piel, me impidieron sentirme pleno y feliz una vez más. Hubo un solo motivo que me partió el corazón en pedazos... Te veías tan demacrado y desgastado, debido a todas las noches de insomnio que pasaste esperando a que despertara, y el constante vacío emocional dentro de ti.
A pesar de eso, no pudiste evitar derramar un mar de alegría sobre mi regazo, mientras me llenabas el rostro de cálidos besos. No me pude sentir más agradecido y desdichado conmigo mismo en aquel momento... Todo fue mi culpa.
Aferrabas mi mano con toda esperanza y fidelidad, demostrándome que jamás te apartaste de mí, sin importar lo que pasara. Tus deslumbrantes ojos hinchados me dieron a conocer cuánto me quiso te siempre, con tus puros y sinceros sentimientos.
Yo me encontraba muy débil y cansado de soportar la dependencia vital hacia una máquina. Solamente recuerdo de esos cinco años, la espantosa sensación de las inyecciones diarias y el mísero trato que recibí por parte de las enfermeras. Simplemente fui una carga y un muñeco de trapo, que no hacía más que yacer como un vegetal sobre su cama. Toda esa mala
Vida perpetuaba mis sueños más placenteros y felices... Recién había vuelto a la vida y ya quería que diera a su fin, de una vez por todas.

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Me miraste con un semblante triste, pero comprendiste por todo lo que había pasado. Las únicas palabras que pudiste vociferar en aquel momento, incomprensibles a causa de tu llanto, fueron:
-No me dejes una vez más. Nunca me dejes... Esperaré por ti todo lo que tenga que esperar, sin importar nada, pero por favor no me dejes solo.
No encontré las palabras exactas para reaccionar ante tu petición, sin embargo, me armé de valor y dije:
-Jamás estarás solo, cariño. Te estaré cuidando desde donde sea que me encuentre, no importando lo que suceda. Te amo tanto para dejarte ir, pero no aguanto más este sufrir en vida... En ti encontré todo lo que estaba buscando, y mucho más. Me hiciste la persona más feliz del mundo, de verdad. Siempre te amaré...

Sin pensarlo dos veces, te acércate a mis labios lentamente. Me diste un tierno beso de desposeída, sin con tu corta respiración, a causa de tu llanto, y me abrazaste como jamás lo habías hecho, sujetando mi cuerpo, diciéndome que todo estaría bien.
Dudando de último momento, pero decidido a hacerlo, tú mano se dirigió hacia lo desconocido, sin apartar tu vista de la mía, y escuché un diminuto sonido proveniente de allá abajo. Comencé a sentir cómo mi cuerpo se apaciguaba poco a poco... Sintiéndome agradecido una última vez por siempre, contigo.
Me diste un último beso en la frente, como se le da un beso a un niño pequeño antes de dormir, solo que yo ya no iba a despertar de nuevo.
Te dediqué una última sonrisa tranquila, mostrándote lo cuánto que te amaba.
Por último, escuché un suave “Te amo, y siempre te amaré” proveniente de tu boca... Y cerré mis ojos para siempre.

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A los ojos días, me enteré de tu repentina muérete, un suero que me dejó sin aliento, en aquel extraño lugar. No pudiste soportar mi pérdida, así que decidiste acabar con tu vida, gracias a una sobredosis de somníferos, para dormir por siempre y encontrarme en esta nueva vida.
Tan tonto y apasionado que siempre fuiste, que no sabía cuál sería nuestro destino...
Lo restante que nos queda es vagar por este desconocido mundo, con el objetivo de reencontramos una vez más, y permanecer juntos por siempre. No descansaré hasta sostener tu mano y jamás soltarla, y emprender esta nueva aventura que nos deparará, tú a mi lado, y yo aferrándome a ti, para nunca jamás dejarte ir.
No llores más, te prometo que jamás te dejaré caer. Siempre estaré para ti, cariño, pues eres y siempre serás lo mejor que me ha pasado en esta vida...
Te amo.

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