Podríamos haberlo hecho,
pero ni yo puse ganas,
ni tú pusiste empeño.

Recuerdo aquellos momentos en lo que me decías que me querías.
Que querías verme,
que necesitabas escuchar al menos una de mis tonterías.

Que me echabas de menos.
A mi risa, a mis manos, a mi pelo...

Ahora veo que todo eso solo era una burda mentira
para que yo siguiese pensando que todavía me querías.

-P.