Cielo no sé por donde comenzar dando las razones por las que no estás conmigo, o las que yo creí que fueron; o tan siquiera justificar tu ausencia y abandono.

Pero iniciaré recordándote, o más bien a tus labios y la sonrisa que desprendían, tus brazos que siempre fueron mi refugio y tu rostro, acariciarlo y sentirlo junto al mío al momento en que nuestros labios se juntaban para ser uno solo.

Pero también debo darte crédito, supiste como ubicar cada pluma en las alas que me construiste para que me ilusionara, con este intento de amor que incrustaste en mi memoria.

Pensé que esto llegaría más lejos, no a unas simples palabras a través de una pantalla, que solo se traducen en combinaciones de ceros y unos donde argumentabas tu amor y tú deseo de estar conmigo. Pero también debo admitir, que disfrute cuando nuestras conversaciones salían del rol de una pregunta y respuesta y se convertian en momentos donde dejábamos nuestra timidez a un lado y conocíamos una parte del otro, que a veces, aunque enterrada, suplica por salir.

Aprendí a tenerte tan cerca de mi, que pensé que jamás te apartarias, pero como dicen por ahí las voces de las almas que vagan por este mundo...nunca digas nunca.

Debí aprender a no necesitar de tu respiración para poder hacer la mía, y debí aprender a que mi corazón lata sin la necesidad de tener el tuyo junto al mío.

Y además, debí aprender a quererme más y no necesitar de tus alagos para aumentar algo solo yo tengo el poder de elevar.

Esperaría por ti mucho más tiempo, pero realmente esos momentos desperdiciados en recuerdos que solo son eso, debo destinarlos a olvidarte y a olvidar esa parte de mi qué se fue contigo...

Aunque, momento!
Pero qué hago yo extrañando a alguien que solo conocí por unos días; que con suerte recordaba mi nombre y que únicamente soñe con que todo lo relatado anteriormente pase...