Regresar a casa siempre me trajo malos recuerdos.

Cada vez que miro la puerta recuerdo el día en que sus maletas estaban ahí, esperando el momento en que se marchara.

Ahora que ha vuelto no puedo evitar recordar lo que fue crecer sin ella.

Sé que no existe familia perfecta y que todos en algún momento hemos sentido que no encontramos salida, pero una explicación me habría hecho entender las cosas.

No fue fácil, pero logré sobreponerme a su ausencia aunque nunca pude llenar el vacío que dejó al irse.

Me dicen que tengo que aprender a perdonar, pero cuando una herida es más profunda que las otras toma tiempo el intentar sanar y más cuando se trata de heridas del corazón.

Estar de vuelta en casa es una prueba difícil, es verla parada ahí y sentir la necesidad de decir tantas cosas, pero no querer escuchar una sola palabra de su boca.

Es evadir su mirada e ignorarla cuando trata de decirme algo.

Me dicen que debería dar vuelta a la página e intentar arreglar las cosas antes de que empeoren o sea demasiado tarde, pero todos necesitamos nuestro propio espacio para reflexionar y para pensar en lo que vamos a decir.