Hubo una vez un chico al que adoré
idolatraba con todo mi ser
era un amor tan grande y especial
el primero en mi vida
con el que pensé que envejecería
ese amor que te trasforma
de adolescentes tontos que
no piensan en consecuencias
inclusive hubiera dado mi vida por él.
Infortunadamente para él nunca nada fue suficiente sin importar que hiciera o dijera para él no era nada más que vergüenza.
Me criticaba por todo sonido que de mi boca saliera.
Recuerdo que un día teñí mis puntas de cabello color rosa y me dijo que no le gustaba, que debía quitármelas o terminaríamos, ¿adivinen quién tuvo que cortarse el cabello para deshacerse del tinte?
Me insultaba por mi sobrepeso, que si bien lo tuve no era razón para hacerme sentir mal.
No gustaba de mi carrera, me decía que terminaría muerta de hambre y pienso que su mayor miedo sería mantenerme.
A él le molestaba que saliera a eventos escolares en otras ciudades porque según él cuando salia no me podía controlar y saber que hacía, imaginaba que yo estaba en algún bar de mala muerta sobre una mesa desvistiéndome, borracha y copulando con hombres desconocidos.
No podía tener amigos hombres porque eran peleas infinitas que terminaban siempre mal, en llantos y conmigo rogando por un perdón injustificado.
No me permitía salir de noche con mis amigas a discotecas.
A pesar de todo lo que me hizo, estoy segura que él no era un monstruo, dentro de su cabeza retorcida había un poco de amor por mí, porque no todo fue un infierno, yo estaba enamorada y cada cosa que hacía era para mantener nuestra relación.
Al cabo de tres años y medio, a un semestre de salir de la universidad él me terminó, y me hirió de la forma más horrible que podía ser. Me engañó con una niña de 15 años y me torturaba de una manera que ni siquiera puedo contar de la pena que me da.
Mi familia se daba cuenta de que cada noche lloraba, al siguiente día mis ojos hinchados y rojos me delataban, mi mamá hablaba conmigo pero nada me consolaba, mi deseo de estar con él era más grande que cualquier humillación o agresión. Bastaba con oír sus palabras hipócritas, un te amo saliendo de sus labios y al instante estaba tirada a sus pies.
No sé como pero el amor que le tuve se fue desvaneciendo, será que estaba empezando a madurar o el hecho de conocer nuevas amistades me hizo reflexionar. En definitiva tuvieron que pasar 5 años para que cortara ese lazo que me unía a él. Agradezco tanto a mi nueva pareja la fortaleza que me dió para terminar esa etapa no tan buena en mi vida, miro el pasado y me doy cuenta que ese tipo de amor era uno enfermo, de los que te manipula y te arrastra con él hasta el hueco más profundo y ya dentro no hay salida.
A pesar de haber sido violentada por un chico que adoré con mi alma y de tantas veces que quise morir por él, la vida mejoró y no pude haber sido más afortunada de encontrar a este ser de luz que agrega a mi vida más vida.