Hace un tiempo atrás, me encontraba perdida y sin rumbo. De esas veces que simplemente flotas por la vida sin saber quién eres, qué quieres y por qué existes. Con el tiempo finalmente sane algunas heridas pero otras con el tiempo se levanta la bandita que las cubre por no darles la atención necesaria. Muchas veces me hace sentir impotente y muy triste, ¿Cómo es posible que me descuidara tanto? ¿Cómo llegue a ese punto? ¿Cómo me pasaron por la mente tantas trágicas maneras de salir de eso? ¿Cómo lo permití? ¿En qué momento?... Son muchas preguntas que no tienen la respuesta exacta para todo; sin embargo, me refugio en la idea que me llevaron al lugar en el que debo de estar y con las personas que debo estar. Esparcir esa luz que está en mi, a la cual me he aferrado tantos años y dejar esa huella en otros. Dejar esa huella de mí ser en las personas que pueda, con tal de ahorrarles un poco el sufrimiento y transmitir un poco de paz.

Por eso, hoy agradezco. Después de tanta soledad, tristeza, frustración y decepción que sentí; a pesar de que algunas veces lo vuelvo a vivir, yo sé que no es igual. Y agradezco todo lo que he evolucionado, crecido, enseñado y aprendido porque me han llevado a conectar mejor conmigo misma. Por medio de la meditación, de la curiosidad, personas especiales que me he topado a lo largo de mi camino y el que por fin siento que encontré mi lugar.

Yo sé que me falta mucho que trabajar. Pero estoy feliz que cada vez sigo avanzando, sin importar si mi paso es rápido o lento, sigo en movimiento. Así que no se rindan, que pronto llegarán a donde deben de estar, solo necesitan paciencia, fe y buscar lo que les dé un poco de luz y paz en su vida. A veces da miedo, yo sé. Recuerda que lo único que necesitas para estar un paso más cerca a ese lugar, es empezando. Pequeños pasos a la vez.