Guillermo Cano, un personaje tal ves no tan reconocido como deberia, fue un periodista, un colombiano que perteneció a la tercera generación de periodistas de la familia de Fidel Cano Gutiérrez, fundador de El Espectador. Denunció los crímenes cometidos por el Cartel de Medellín y su líder, Pablo Escobar. Fue asesinado por sicarios del narcotráfico. Un suceso inolvidable, que marco una era, porque matar a un periodista, como Guillermo Cano era algo sin prescedentes. Pero lo mas aberrante es el sentimiento al leer las palabras inmortales y dolidas de Gabriel García Marquez en homenaje Cano.

“Durante casi cuarenta años, a cualquier hora y desde cualquier parte, cada vez que ocurría algo en Colombia mi reacción inmediata y certera era llamar a Guillermo Cano por teléfono para que me contara la noticia exacta. Siempre, sin una sola falla, salía del teléfono la misma voz: ‘Hola, Gabo, qué hay de vainas’. Un mal día de diciembre pasado, María Jimena Duzán me llevó a La Habana un mensaje suyo, con la solicitud de que escribiera algo especial para el primer centenario de El Espectador. Esa misma noche, en mi casa, el presidente Fidel Castro estaba haciéndome un relato absorbente en el curso de una fiesta de amigos, cuando oí, casi en secreto, la voz trémula de Mercedes: ‘Mataron a Guillermo Cano’. Había ocurrido quince minutos antes y alguien se había precipitado al teléfono para darnos la noticia escueta. Apenas si tuve alientos para esperar, con los ojos nublados, el final de la frase de Fidel Castro.

Lo único que se me ocurrió entonces, ofuscado por la conmoción, fue el mismo impulso instintivo de siempre: llamar por teléfono a Guillermo Cano para que me contara la noticia completa, y compartir con él la rabia y el dolor de su muerte”.