Han pasado tres días desde que me enteré que solo jugaste conmigo, han pasado ocho días desde que me hiciste sentir que te importaba. Tengo sentimientos encontrados ya que los dos permanecen firmes en mi mente y en mi corazón.

Me acuesto a dormir recordando nuestras primeras citas, como me hacías reír y bromeábamos con cualquier tontería, me decías cosas lindas y me mirabas de una manera especial, inmediatamente me hago volver a la realidad y lo último que hago antes de quedar dormida es llorar porque te perdí.
Despierto al siguiente día, soñé contigo, algo hermoso u horrible, no lo sé, intento olvidar todo lo que tiene que ver contigo pero recuerdo que en algún lugar en algún momento leí que para olvidar y sanar no debes evitar o reprimir recuerdos o pensamientos, no debes obligarte o sentirte mal por seguir pensando y extrañando sino todo lo contrario, debes dejar que fluya, pensar todo lo que quieras, llorar todo lo que necesites. Pongo los pies en el suelo después de apagar la alarma, revisó el teléfono pero sé que no hay en él un mensaje tuyo de buenos días, intento pensar que en el pasado tampoco lo hubo y yo estaba bien.

Mi día es rutina, ir a la universidad, hacer tarea con mi mejor amiga en la biblioteca, volver a casa, convivir con mi familia, dormir. Solo existe un pequeño cambio totalmente invisible a los demás, yo río pero te pienso, yo como pero te pienso, yo hago tarea y te pienso, yo arreglo mi cabello y te pienso. Es como si aún siguieras ahí, es como si mantuviera una idea de que no te has ido, pero mi ligera taquicardia, el nudo en la garganta, la lágrima en mi ojo-mejilla-labio, mi mirada perdida en los pasillos buscándote, deseando (no)verte, todo eso me recuerda que no es así y que solo me aferro a un deseo que no se cumplió pero que estuvo tan cerca que quema el antes y el después de tenerte y ahora perderte y saber que no habrá segunda vez.

Aún te lloro y creo que será así por un tiempo más, creo que la taquicardia y las manos que me tiemblan, la voz que se raspa y el bendito clima que me ayuda a ocultar que es por ti y no por el resfriado al que le echo la culpa de estos síntomas que me mantienen tumbada en la cama se mantendrán solo un por un corto período de tiempo y que al pasar el invierno ya no lloraré, no temblaré y podré caminar sin buscarte.