Últimamente me he puesto a pensar en lo lindo y feo que es conocer personas, en lo agradable y hermoso, pero difícil, doloroso y a veces cruel. Digo esto porque es así. A lo largo de nuestras vidas conocemos personas que valen más que la pena tenerlas con nosotros, personas que poco a poco se van ganando nuestro cariño, afecto, tiempo y dedicación. Conocemos personas con las que te dan ganas de vivirlo todo, pero para sorpresa de nosotros no siempre estarán en nuestras vidas. Algunas veces nosotros mismos somos los causantes de esto, otras veces se marchan porque así lo desean; se marchan sin explicación alguna o incluso sin decir un "adiós".

Es lindo encontrar personas que te hagan bien, que te hagan cambiar tu rutina y ver con otros ojos el mundo. Que te enseñen cosas que no sabias, te acaricien, te animen, te quieran, te respeten y valoren. Pienso que el amor propio es vital en la vida de todos y algunas veces es hasta suficiente como para no querer la compañía de alguien. Pero estoy también segura de que necesitamos a alguien con quien compartir unas horas de nuestro día, de nuestra vida, de nuestros sentimientos; no hay que depender de él/ella para ser feliz pero si complementarse de la manera correcta y hacerlo bien.

Es por eso que amores vienen y amores van. Hay que recibir de la mejor manera a aquellas personas que la vida te presenta, pero también aceptar el dolor de su partida. Que si, es difícil dejar de hablar, salir, compartir con esa persona; el saber que quizás alguien más estará conociendo lo grandiosa(o) que es, que alguien más esta agarrando su mano y sintiendo sus labios, que alguien más esta acariciando su cabello, su cara, su cuerpo. La solución esta en aprender a soltar cuando ya no hay más oportunidad, aprender a decir adiós aunque por dentro mueras, ser fuerte, crecer y admitir que así es la vida.

-Luisa Castillo.