Es tu voz un llamado infalible para la abundancia, cuando llegas todo se viene detrás de ti, incluso yo.

Fue tan fugaz el momento en que crucé la línea entre un lado y el otro que no fui capaz de detenerme a ver que no había retornos. Ahora el agua jamás se detiene. Creas en mí la sensación de mil imanes jalando eternamente hacia mi centro y, no tengo más remedio que responder a este llamado; eres el más exquisito regalo de piel y aprendí a sentirte, tocarte, abrazarte y tenerte como el sol y la luna, en una persecución inalcanzable, hasta que se alcanzan.

He alcanzado ya tus manos y las he tocado sin tocarlas, he alcanzado ya tus labios y los he besado sin besarlos, te he contemplado enteramente sin poner un ojo sobre ti; todo lo que veo en ti parece oro, fruta y tierra fresca, pues resplandeces, nutres y floreces, tú me ayudas a florecer cuando entras por mis poros.

Cuando las palabras se vuelvan sólidas y se conviertan en momentos, cuando vengas con tus manos y compartamos lo que es nuestro, cuando finalmente vengas con un beso lento y abrazado, justo ahí, en ese momento recibiremos el agua de la vida y juntos la vamos a beber, como nos hemos estado bebiendo los sentimientos.

M.T.