Ha llegado el cambio de estación, ahora los vientos corren y no solo pasean de un lado a otro carentes de danza, con delicada ternura estremecen todo lo que se deje. Hoy en día todo parece el fragmento de algo interminable, inquietantemente interminable.

Los lazos de mis brazos se han ajustado y al compás del movimiento de mis dedos logro sentir como es que están atados, todos los nudos se hacen evidentes y uno a uno caen derrotados ante la paciencia inminente.

Es tu risa un metal para mis imanes, me serenas y me silencias, digo todo sin abrir mis labios porque a través del silencio envío a viajar mis palabras convertidas en todo, convertidas en amor para tus adentros.

El tiempo no obedece los relojes, gira desorientado como el viento entre los setos del laberinto de los jardines donde me llevas, cuando me llevas; encuentro en ti las aves, los besos y los abrazos, encuentro insuficientes las palabras y no me alcanzan las combinaciones de las letras para describir por qué te quiero y cómo te quise cuando llegaste y compartiste mi intimidad.

Y ahora, eres ésto que eres.

M.T.