Llevaba poco más de un año que me levantaba sin fuerzas.
Llevaba casi dos años con pesadillas cada noche.
Llevaba más de cinco años con lo que pienso que es depresión.
Llevaba toda mi vida sintiendo que no encajo en mi familia.
De repente, todo se calmó.
No voy a decir que era la persona más feliz del mundo, pero..
..tenía ganas de levantarme cada día.
..podía dormir varias horas seguidas y las pesadillas eran cada vez más suaves.
..sentía que al fin había encontrado estabilidad emocional.
..la gente de mi familia me hizo sentir arropada, estaba cómoda con ellos.
Sí que es cierto que había días en los que no era capaz de callar a las voces que ya son dueñas de mi cabeza y de mi alma. Yo sola entraba en un bucle de desesperación y melancolía. Las pesadillas que entonces tenían solían ser sobre mi futuro, ese que al acabar el verano se instalaría en mi vida para siempre. Los bajones, en cambio, solían ser sobre extrañar a la gente que había estado conmigo durante mi última etapa escolar. Me aferré al presente para no recordar el pasado y para no asustarme con el futuro.
Pasé varias semanas siendo yo misma, haciendo cosas que amaba, disfrutando de la gente que me rodeaba y del entorno en el que estaba.
Estaba rodeada de mi familia y en mi pueblo, donde el único ruido que te puede llegar a molestar es algún grupo de niños jugando al escondite después de la siesta.
Me pasaba el día leyendo o hablando de mis libros, haciendo tartas de chocolate, nadando en la piscina, hablando con alguna de mis abuelas.. La noche era mi parte favorita del día porque nos juntábamos varios y, por primera vez, yo era capaz de sentirme parte de esa reunión.
Me sentía tan en paz que intentaba alejar la llegada inminente de mi nueva vida.
Pero el futuro siempre te atrapa. Siempre.
Las pesadillas sobre mi futuro no eran nada comparado con la agonía que ahora siento. Me siento tan perdida, tan cobarde, tan frustrada, tan débil..
Antes no tenía fuerzas para levantarme de la cama.
Antes no podía dormir a causa de las pesadillas.
Antes creía que lo que yo tenía era depresión.
Antes sentía que no encajaba.
Ahora esos sentimientos están cada segundo en mí multiplicados por 100. Mi mente, mi cuerpo y mi alma sienten que nunca antes habían vivido algo así. No con tanta intensidad.
Las pesadillas son reales.