Mi curiosidad siempre me ha llevado a experimentar mis más oscuros pensamientos,
no todos, claro;
porque mi sentido común me grita y me lleva al control (aunque ya esté un poco descontrolada).
Tenía tanto tiempo de no leer algo que escribí, (demonios sí que soy buena)
¿pero cómo es posible que un corazón roto me inspire más que un amor que lo enmienda todo?
Y como sabemos que es digno de mí,
negar todo tipo de sentimiento cursi y tonto es mi primera reacción,
lo es, ya pasé por ahí.
La negación en todo su esplendor
siempre es el primer paso,
después vienen todos los errores.
Recuerdo cuando le rompí el corazón.
Lo recuerdo porque el mío se rompió con el suyo.
Y entonces fue cuando me di cuenta que la hora de recreo había terminado,
no más juegos de niña para mí.
Y en ese momento lo supe.
Me enamoré.
(Mierda)
Oh sí ¡el amor!
¿Quién lo diría?
Yo enamorada de alguien…
Yo, la que juró no volver a sentir nada por alguien que no fuera un nazi (Oopps!)

Pero la parte del enamoramiento no es la mejor parte.
No.

Ese hombre que ha logrado despertar en mí ese maravilloso sentimiento abrumador, entorpecedor y delirante
también está enamorado de mí.
Y por, al menos lo que parece la primera vez en mi vida, llevo las de ganar
incluso cuando el miedo me carcoma por dentro,
a pesar de que las dudas me cazan por las noches antes de dormir,
aunque las circunstancias me hagan llorar.
Aún en medio del caos que vivo,
sé que tenerlo a él es lo mejor que me pudo haber pasado.
Apenas puedo creer que mientras él está en la distancia,
sabiendo que lo cotidiano nos separa,
yo estoy sentada en mi cama llorando de alegría y asombro
porque finalmente un chico vino a mi vida en un día lluvioso (como siempre lo soñé)
y con una inocente mirada perdida,
con el simple hecho de estar tan perdido como yo entre tanta gente,
logró romper cada barrera en mí,
y ahí bajo la lluvia él logró descongelar poco a poco el hielo que tenía por corazón.

Lo más hermoso de él es su temperamento,
no es el típico chico cursi y encantador;
pero ¿saben qué?
Conmigo lo es (leelo en un susurro)
Desde que llegó a mi vida hace poco más de un año
me ha enseñado múltiples lecciones de vida sin siquiera tener que verlo cada día frente a mí.
Él a través de mensajes y llamadas me hace sentir como si fuera (y lo soy) la chica más afortunada,
la más hermosa,
la más amada.

Su sonrisa lo enmienda todo,
su voz pone en silencio a cada fantasma que vaga por mi mente,
sus palabras son tan precisas, vienen a mí en los momentos más difíciles,
y se quedan conmigo en los de mayor importancia;
en la soledad,
en la tranquilad,
en la duda,
en la certeza,
en mis logros y en los fracasos.
En el dolor, porque él hace que todo el que siento se minimice.
En la alegría, porque su presencia en este mundo por muy efímera que a él le parezca,
intensifica mis sentidos,
agranda mis emociones,
porque ahora que existe para mí mundo vivo en su atmósfera y él se ha convertido en la alegría misma.

Él es así de especial, logra hacerme entrar en razón,
Siempre.
Paciente y sereno.
Siempre.
Comprensivo.
Y aunque siempre sea una palabra definitiva, es la que mejor define lo que siento.
Siempre está a mi lado aunque nos separen miles de millas.

No me canso de decirle lo mucho que lo amo porque sé que sus oídos no se cansan de escucharlo.

Y sí que duele amar a alguien a quién no puedes abrazar diario,
pero aunque él y yo estamos tan cerca y tan lejos como Enero y Diciembre,
él con su mágico amor me hace sentir segura.
Los miedos no desaparecen de la noche a la mañana,
el temor me susurra cada noche,
pero no es lo que decido escuchar.

No me he convertido en la chica perfecta digna de un cuento de hadas,
pero a decir verdad es como se siente cuando lo veo.
Porque él dice que soy su princesa y yo le creo.
Sus detalles son siempre los más lindos y acertados.
Su amor es el más perfecto amor que jamás haya experimentado.
Lo que para mí es rosa para él es azul.
No importa si no concordamos a diario,
simplemente concuerdo en estar loca por él porque sé que él lo está por mí.
¿Que cuáles son mis más oscuros pensamientos?
Los que se albergan en la Luna de Plutón.