Lo arriesgué todo por el verde de sus ojos,
sin saber, que era un vuelo hacia ninguna parte.

Y eso duele… Claro que duele.

Como un regalo que te quitan de las manos.

Yo no buscaba que todos los pétalos de la margarita dijesen sí, ni que las rosas dejasen de lado sus espinas.

Yo buscaba un lugar donde matar la tristeza a carcajadas,
donde darle esquinazo a mi pasado
y chocar de frente con la vida.

Eso fue todo lo que encontré
entre el desorden de su encanto.

En el azul de su sujetador,
en su pelo despeinado
y sus ojeras de domingo.

En ella
y en su locura de chica revolucionaria.

Ella me dijo que había más sitios que París,
como Madrid y su cama.
Entonces yo ya no le prometía París
como todos los demás, sólo la buscaba
sin esperar a que se perdiese.

Y hablábamos
de su cama de 90cm
y de mi ropa interior,
y de lo bien que le quedaría mi desnudez
y de lo pequeño que nos quedaría Madrid cuando nos escapásemos
por debajo de sus sábanas.

Un día
la palabra distancia se enredó con nuestro cable a tierra.

Ella tuvo miedo.
Y yo… Yo también tuve miedo.

Un miedo que se me quedaba tres o cuatro tallas más grandes.

Después todo pasó,
de repente puso rumbo a su mundo
y salió corriendo.

No he vuelto a saber nada más de ella.

Solo que antes de huir
su portazo sonó como un día de resaca.

Quizás no fui del todo justo cuando la culpé de todo a ella.
Fue como robarme el protagonismo.
Quizás debería haber salido corriendo
como un niño a los brazos de su madre, y susurrarle que la distancia no es un monstruo que se cuela en un cajón y cuando estás dormida te come de pies a cabeza,
tampoco es 1 km ni mil metros.

La distancia es el número de besos que nos debemos.
Ahora solo tengo canciones y recuerdos que me escupen a la cara.

Porque echarse de menos es un verbo
que ha perdido el sentido
y la luz no siempre está al final del túnel.

Porque hay despedidas que están escritas por adelantado,
sin pensar en el contenido de la historia.

Y nuestra historia fue como una película de serie B
en la que el superhéroe por intentar salvar a la chica
se lanza de un quinto piso.

La chica éramos nosotros
y nuestro afecto, ese superhombre que se tira al vacío
sin conocer la altura.

Sin saber que en realidad
era uno más entre tantos suicidas.

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I risked everything for the green of his eyes,
Without knowing, it was a flight to nowhere.

And that hurts ... Of course it hurts.

As a gift that you take from your hands.

I did not look for all the petals of the daisy to say yes, or for the roses to put aside their thorns.

I was looking for a place to kill the sadness with laughter,
where to turn my past
and collide head-on with life.

That was all I found
between the disorder of its charm.

In the blue of her bra,
in his disheveled hair
and his Sunday circles under his eyes.

In her
and in his madness as a revolutionary girl.

She told me there were more places than Paris,
like Madrid and his bed.
Then I didn't promise him Paris
Like all the others, I just looked for it
without waiting for it to be lost.

And we talked
of his 90cm bed
and my underwear,
and how good my nudity would be
and how small Madrid would be when we escaped
under your sheets.

A day
the word distance became entangled with our ground wire.

She was afraid.
And I ... I was afraid too.

A fear that I was three or four sizes larger.

After everything happened,
suddenly he set course for his world
and went out running.

I have not heard from her again.

Only before fleeing
his door slammed like a hangover day.

Maybe I wasn't quite right when I blamed everything on her.
It was like stealing the limelight.
Maybe I should have run out
like a child in the arms of his mother, and whisper that distance is not a monster that sneaks into a drawer and when you're asleep it eats you from head to toe,
neither is 1 km nor a thousand meters.

The distance is the number of kisses that we owe.
Now I only have songs and memories that spit in my face.

Because missing is a verb
that has lost its meaning
and the light is not always at the end of the tunnel.

Because there are goodbyes that are written in advance,
without thinking about the content of the story.

And our story was like a series B movie
in which the superhero for trying to save the girl
is thrown from a fifth floor.

The girl was us
and our affection, that superman who throws himself into the void
without knowing the height.

Without knowing that in reality
He was one of many suicides.