Quiero que veas mis conflictos y mis verdades,
que saques a la luz aquello olvidado en mis rincones.

Quiero que tus ojos piquen por las lágrimas,
y que tus mejillas duelan por las sonrisas.

Quiero adentrarme en tus pensamientos,
y que mis experiencias se cuelen por tus huesos.

Quiero que te pongas en mis zapatos,
y veas desde tu perspectiva mi forma de ocasionar estragos.

Quiero dejar rastro de mi esencia en tu alma,
mucho antes de que llegue el alba.

Quiero esconderme y permanecer en tu memoria,
en donde sé que no seré tan sólo una simple escoria.

Quiero contagiarme de tu dulce y pura inocencia,
la cual todos desean corroer con notoria vehemencia.

Quiero que desnudes mi humanidad,
y me observes sin juzgarme y con afabilidad.

Quiero que me ames y me añores,
y que por arte de magia mi inseguridad se evapore.

Quiero ser capaz de presenciar siempre el bello eco de tu risa,
esa que no hace más que provocar en mí la más genuina sonrisa.

Quiero que me enseñes el significado de la pasión,
para que me abandone el fantasma incesante de la desilusión.

Quiero que restaures mis sueños,
aquellos que fueron rotos por palabras y brutalmente despreciados.

Quiero regresar a la sintonía de este mundo,
y abandonar para siempre este dolor profundo.

Quiero sentirme regocijada sin una carga a mis espaldas,
y alejarme de las tan persistentes y cotidianas sombras.

Quiero confiar en que ellos no volverán a tornarme en una apática muñeca,
¿puedes tú, acaso, cumplir con mi súplica?

Mackenzie Osterberg.