No sabría como explicarlo, tan solo sé es que cuando la vi mi única acción fue abrazarla, sin importar que ella me rechazara o segundos después me alejara. Ella recostó su cabeza en mi hombro y comenzó a humedecerlo con sus lágrimas, yo quise hacer lo mismo, pero no quería derrumbarme, no frente a ella.
-Llora –me dijo- Esta bien.
Su voz se escuchaba ahogada, aunque no hice reclamo alguno para no permitirme soltar todo, ese momento se podía describir como memorable, nostálgico, reconfortante; podía ser muchas palabras, pero ninguna se le acercaba en su totalidad. Me froto la espalda con delicadeza, como si le mostraran a un recién nacido que necesita de sus caricias, yo era ese recién nacido en esos instantes y me hacía sentir aliviado al tenerla abrazada.

-Te está esperando –me advirtió.
No pude sentir nada más que pánico, todas las emociones liberadoras se habían esfumado en un segundo, negué con la cabeza, indispuesto a verla, no podía, podría jurar que ella tampoco, pero si ella me estaba esperando era porque quería verme.
-Puedes hacerlo – otra caricia en la espalda- Ha estado esperándote desde que dejaron de cesar tus visitas.
Di un respiro hondo, llenando mi nariz de ese insoportable aroma a desinfectante y medicamentos, di un paso, dos pasos, tres pasos; por un momento olvide a donde me dirigía.
-Habitación 178, segundo piso, la encontraras al final del pasillo, lado izquierdo.
Siempre un paso delante de mí.
Mis rodillas temblaban y mis manos transpiraban, tome el ascensor, porque pensé que me tropezaría si elegía las escaleras, en mi cabeza realice un pequeño discurso de lo que le diría y al final lo tire en la papelera, ya que me conocía tan bien que sabía que lo terminaría olvidando, a mi mente le da amnesia en los momentos más inoportunos, ni siquiera fui lo suficientemente educado como para tomar la puerta, solo la abrí.
Y ahí está, con una intravenosa, su cabello llegando a rozar las orejas, sin un rastro del brillo que trato de mantener por años con acondicionadores y mascarillas, con una bata de hospital que escondía su figura que años atrás se esforzó en formar, pero lo que más me dolió fue verla a los ojos. Sus ojos eran sus los más perfectos que podías encontrar incluso cubiertos de lágrimas, incluso con esas ojeras moradas que los adornaban alrededor, ella era lo que se podía definir como hermosa, inclusive con cáncer, era la más hermosa de la habitación.