Y si a lo mejor todo lo que recorre mi mente viene a ser la notoria señal de mi demencia, siempre buscando su lugar, su propósito, su lugar a alcanzar y porque no, talvez también a ser, tergiversando las cosas más de lo que están, olvidando hasta porque sigo despierta hasta estas horas. Es que son tantas cosas que no tienen sentido que me entremezclo en posibles soluciones para darles algo de coherencia, para ya llegar a las cinco de la mañana, con el cerebro agotado y ojos rojos, siempre a la misma conclusión, que la vida no tiene sentido, no tiene un orden preestablecido, que se lía y se desdobla millones de veces, que se burla de nosotros a la vez que nos acaricia el pelo, que no somos más que imanes que vamos de polo a polo, tropezando por doquier, saltando baches y esquivándolos pero también volviendo atrás para caer una vez más. Y ya agotada de tantas noches de insomnio buscándole sentido a mi existencia, llego a la conclusión que soy un caos, ¿por qué? Porque no sé lo que quiero, o tal vez sí, pero tengo miedo de no ser capaz, no sé quién soy ni a que vengo, me molestan simplezas y lloro hasta por la muerte de perro, y que puedo llegar a ser la loca de los gatos solo por el hecho de esperar al indicado, que aparte de películas y textos no me emociono con ningún “te quiero”, pues para mí eso de una noche o un tiempo no es sincero, no me va.
Y es que, creo que ese es mi problema, mi continuo inconformismo, pues siempre quiero más, un capítulo más, una noche más, un rato más, una copa más, un error más...
Al menos algo si tengo en claro, aunque en este texto ponga en evidencia mi inestabilidad, sé que al final todo tendrá sentido, que encontraré mi camino y mi razón de existir, y sé que me contradigo con mis líneas anteriores, pero comprenderme estoy en una etapa donde el la oscuridad no es lo suficientemente oscura. Y como no, siempre quiero más por ende veo más.