Te observo caminar por las calles de mi mente;
eres el único transeúnte que circula regularmente.
Pero tú no eres consciente de mi presencia,
tan solo me ignoras con frecuencia, y cuando me miras, lo haces con indiferencia.
Mi corazón ya no puede.
Si lo sigo intentando, es muy probable que se quiebre.
Intento alejarme, pero mi corazón masoquista quiere darte otra oportunidad.
Sin importarle que lo hieras con profundidad.
Me cuesta mucho seguir mirándote,
pero aunque cierre los ojos, sigo observándote.
Ocupas cada pensamiento que mi mente concibe,
cada latido que mi corazón emite,
cada respiración que mi pecho pide.
Quiero vaciar esas calles por las que tú caminas,
pero con tan solo pensar en aquellas vacías esquinas,
siento como mi alma se volvería mas fría.
Y prefiero seguir mirándote en melancolía
que morir sin nadie en una tumba en la lejanía.

—Juan Román