Si la práctica hace la perfección,
ya me he vuelto un experto en la perdición.
Sigo buscando una puerta que se abra ante mi,
sin encontrar más que corredores de ansiedad.
Y con un ridículo frenesí,
continuo escapando de los demonios que vienen por los restos,
de lo que alguna vez fue mi alma, ahora carcomida por secretos.
Tal vez ninguna salida ha sido abierta,
y debo encontrar la llave que me lleve hasta la puerta.
La puerta de mi futuro donde espero encontrar
otra alma corroída a la cual amar.

—Juan Román