Ningún sonido logra filtrarse en mis oídos,
tan sólo aquel ensordecedor pitido
que se infiltró en mi corazón desde que tu te has ido.
No sé si esto sea tristeza, melancolía o una fatal depresión.
Pero sé que al marcharte, te llevaste mi corazón.
Y todo lo que me queda es mi imaginación
para recordar lo que pudimos haber sido en nuestra unión.

Me digo que tu corazón ya me ha olvidado,
pero estoy en consciencia de que allí nunca he estado.
Todas aquellas palabras que nunca pronuncié
son las que me carcomen desde que a ti renuncié.
Es estúpido, lo sé bien, que mi alma extrañe lo que nunca tuvo,
pero en los últimos meses no he hecho más que,
en un estado taciturno
anhelar el tenerte a mi lado para correr sin rumbo.

—Juan Román