Amigos, solo amigos.
Esa fue la condición que entre nosotros nos pusimos.
Le declaré mi amor sin ningún reparo,
pero siempre supe que solo sería en vano.
Millas y millas de tierra nos separan de un abrazo,
aunque mi alma no entiende de ninguna razón
para no ser esclava de su corazón.

Tal vez nunca pueda sentir su respiración,
o los latidos de su corazón.
Tal vez nunca pueda sentir su calor mediante un abrazo,
ni nuestros labios se unirán con un suave contacto.
Pero aún así, soy un paciente impaciente del destino,
que no pierde la esperanza de encontrar el camino
que lo lleve hasta su suave pecho masculino.

—Juan Román