Ya ni siquiera sales de mi mente cuando sueño.
Tus ojos se han vuelto parte de mi empeño.
Me he vuelto un adicto a tu peculiar ceño.
Mi mente busca tu sonrisa en mi recuerdo.

Aunque jamás me leas, te sigo escribiendo,
y en la oscuridad, mis nudillos rompiendo
al pensar en tus labios o en tus ojos durmiendo,
sabiendo que nunca tenerlos, es mi escarmiento.

De tu suave y brusco tacto me he vuelto un esclavo.
Aún sabiendo que mis sueños contigo están muy errados.
Pero, no me importa el precio que deba pagar,
si así te veo sonreír una vez más.

—Juan Román