La primera noche estuve solo después de su partida, dormí junto a la puerta con las esperanzas demasiado altas, a la espera de que ella volviera. Sabia en lo mas profundo de ese corazón aun latiendo de amor; que ella ya no regresaría. Ya no vería su cabellera rosa rondar por nuestro apartamento, ya no esperaría a la intriga de saber que color escogió para teñir su cabello.
La primera semana que pase sin su malhumorado humor mañanero, fui consciente del poco espacio que me vio forzado a usar para que ella colocara sus productos para el cuidado de su extravagante cabello,ahora esos colores ya no se asomaban por ningún rincón.
Con algo de jubilo pensé que al fin tenia la oportunidad de exponer con orgullo mis libros de poesía sin tener que recibir un comentario burlesco.
El primer mes que deje que soportar sus chistes de humor negro y sus ya conocidos ataques de puñetazos, me di tiempo de escribir una historia, pase noches de desvelo sin saber la trama de esa historia y decidí escribir de nuestra peculiar relación, de como una chica tan extraña pero única como ella se pudo enamorar de alguien como yo, que fue la primera chica que destrozo mi corazón así como mi austera búsqueda por encontrar esos trozos. Cuando la termine de escribir, la leí una, dos, tal vez tres veces y me vi en la desafortunada realidad de que eramos mas fallas que aciertos, que pocas veces lográbamos amarnos en total cumplimiento.

Eramos veneno en el amor, un dulce veneno que no queríamos soltar, e pesar de tener el antídoto a pocos metros de nosotros.
El primer año sin su estruendosa carcajada que rebotaba por las paredes de este silencioso apartamento, me llego una postal, de un pequeño estado al sur de América.

"Lamento si huí, pero no quería que el hombre que me enseño a amar sea contagiado de mi amargura"

No necesitaba pensar mucho para saber quien me la había enviado.