Hoy volví a mi casa, a mi silencio solitario de lunes a viernes.
Lejos de ti, de tu risita pronta, de tu comida, de tu amor, volví a esta ciudad violenta que nunca he querido. Mi querido Alejandro, sí de vez en cuando entras por aquí y lees esto, quiero decirte que desde ahora te extraño y extraño tu mano en mi mano mientras ando por la calle o el etc.
¿Como es que uno se puede perder tanto en el deseo de estar con quien ama?
Ese libro que leo ahora, la peste de Albert Camus, es el mejor regalo de navidad que he tenido, a parte de tu compañía. En la parte nostálgica del libro me descubro, en ese exilio que la distancia y la soledad otorgan para que uno se cuestione intensamente sobre la naturaleza de sus sentimientos, la imperfección de todo, el alcance de lo que damos.
Y a veces, probablemente desde siempre he sentido que la vida se me va muy rápido, lo sé más, cuando mis padres me ven con ese aire de que el tiempo pasa irremediablemente y así mismo, su nueva labor personal como padres es adaptarse a mi ausencia. Quiero pasar el tiempo contigo Ale, escuchar las historias de la ciudad en la que creciste, huir de las rutinas familiares, crearnos a nosotros mismos en un mundo lleno de estándares sobre el amor. Te amo y te extraño, que dificil decir algo como "nos vemos hasta verano mi Ale".
Por lo pronto hoy dormiré, espero que mi día mañana no sea tan malo como pienso.