Dificil y fácil distinguir entre miradas,
pisadas fuertes, mente agobiadas.
Acelerar y frenar, por lógica.
Cada uno en su propio mundo, de diferentes maneras
pero compartiendo un mismo espacio,
un mismo lapso de tiempo,
minutos, segundos, microsegundos en accionar y reaccionar
al resto, al otro, a la situación.

Luces de semáforos cambiantes,
autos a distinta velocidad, direcciones totalmente diferentes
personas desconocidas,
intercambio de sonrisas, de miradas, de humor.

Acelerar y frenar. No.
Acelerar y pisar más fuerte, no parar
perdiendo detalles, colores, momentos.
Para apreciar, para pensar, para estar tranquilos.
Perdiendo la simplicidad de caminar y disfrutar
de observar al resto sin ningún rencor, sin presión.

Acelerados, asi viven todos.
O vivimos.
Y se refleja en el ritmo de la ciudad,
en el día a día, en horarios dictados
En cabezas gachas al caminar,
en expresiones y deseos perdidos,
en la relación con el resto y la culpa del después.
Acelerar, sin frenos.