Despertar cada mañana es un suicidio como otro cualquiera. Despertamos mirándonos en el espejo, viendo cada rasguño, cicatriz, y lamentamos por no ser esas chicas de las redes sociales, o algo semejante.

Llegamos al sitio donde solemos vivir la mitad de nuestro día, ya sea el colegio, instituto, o el trabajo, siempre hay alguien que va mejor que nosotras/nosotros y esa sonrisa ladina que dibujan nuestros labios, tras saludar a tus amigos, cambia por completo, y optas por pasarte el día viendo a esa persona y sintiéndote pésimo por no conseguir su punto de belleza, o encanto.
Puede llegar a ser un buen paso, para fijarnos en nuestros errores, los cuales podemos remediar.

Mirándolo desde la otra perspectiva esa persona, se levanta, se mira en el espejo, y para cubrir sus cicatrices o imperfecciones utiliza maquillaje, después a llegado a ese lugar de encuentro, y ve que nadie se fija en sus retoques, y la ven como siempre, pero se fija en esa otra persona - la misma que se fijó en la otra -, y ve su sencillez, y su seguridad.

Se dirige al espejo del baño, y tras verse reflejada en el espejo se siente ridícula, y expuesta a cualquier critica.

Nadie es perfecto, todos tenemos defectos, y disfrutamos unos de los otros, contemplando la belleza de cada uno, y siempre sintiéndonos inferiores.

Yo desde luego no soy una persona que se ame día a día, sino soy la persona que se mira al espejo, y termina cansándose de verse, y ver el reflejo tan imperfecto, viendo mi cuerpo entero y sintiéndome horrorosa. Pero no creo que siempre me diga lo mismo, tal vez un día yo, y todo el mundo, nos levantaremos besando el reflejo del espejo, vistiéndonos con lo que queramos sin preguntarnos el qué dirán. Y desde luego queremos más cada día