Soñé con vos, con vos que ya no me hablas, con vos que me ignoras, con vos, que aunque estas cerca, también estas muy lejos. ¿Por qué me miras? ¿Por qué fingís no quererme?
Deliramos tantas cosas juntos, hablábamos de un “suponer”, pero los dos sabíamos que era un futuro, que estábamos diciéndonos a la cara lo que queríamos hacer. Ninguno hablaba de sexo, ninguno hablaba de ganas, hablábamos de amor, porque sin tocarnos, sin vernos directamente, sabíamos lo que pasaba, nos habíamos enamorado. Vos querías tirar todo a la mierda; y yo también, pero, ¿Estábamos hechos para estar juntos? ¿Qué tan realistas estábamos siendo con nosotros mismos?
Algo que ya era real, era que dolía, si, dolía. Dolía verte todos los días, ahí, sonriéndome como si nadie se diera cuenta de lo que pasaba. Nuestras miradas emitían amor y a veces, tristeza; y nuevamente los dos pensábamos que nadie se daba cuenta.
¿Que qué soñé? Soñé que después de tanto tiempo volvías a abrazarme, lloraste, y lloré; llorábamos por todo lo que habíamos hecho y por lo que no. Sería tan lindo que es su mayoría sea por algo que hicimos, pero no, la realidad era que nuestras lagrimas eran por todo lo que no habíamos hecho y más que nada, por lo que nunca íbamos a hacer. Se sintió tan real, tan real que incluso después de despertar seguía sintiendo tus brazos rodeando mi cuerpo, pero cuando me di cuenta que nada de eso pasó, volví a mi pozo, a mi pozo lleno de tristeza, porque nuevamente comprendí que los finales felices no existen.