Jamás escribí, pero se nos pidió producir un relato para una de mis clases en la universidad. No sé si le gustará a alguien, no pierdo nada al compartirlo.

Rutina

Cuando apoyaste tu pecho sobre mi pecho y empezaste a acariciar mi espalda, sentí un asco profundo y visceral. Sentir tu repugnante cuerpo repleto de sudor hacía que el mío se petrificase y quedara inmóvil, pero no tenía otra opción más que fingir. Recorriste todos los rincones de mi cuerpo con tus sucias y ásperas manos, tratando de lograr alguna reacción de mi parte. Lo único que lograste fue que agarrara mis cosas y me fuera.

- ¿Un trago?
- Tal vez dos.

drink, aesthetic, and grunge image

El famoso bar de la avenida era mi escape, pero a su vez el infierno mismo. Allí era donde conocía a todos los pobres diablos que trataban de conquistarme (lo cual no era difícil de lograr después de un par de copas).

Casi todos eran iguales: hombres de treinta, cuarenta años que ponían la famosa excusa de las “horas extras en el trabajo” para poder escapar un par de minutos más de sus hogares, y así evitar a sus pobres y miserables esposas. Lo único que teníamos en común ellos y yo era el lugar que frecuentábamos, y que buscábamos lo mismo.

No me enorgullece lo que hago, pero tampoco me siento culpable por ello. Yo no fui quien convirtió años de matrimonio en una triste y aburrida rutina donde ya nada es interesante, y no juzgo a quien quiera escapar de ella.

El problema de esto es que después de varias noches de lo mismo, también comencé a sentirlo como algo rutinario. Llegar, conocer a alguien, tomar algo, irnos. Llegar, conocer a alguien, tomar algo, irnos. Y así cada vez. Hasta que lo conocí.
Era un hombre promedio, nada fuera de lo normal. Si lo pienso bien, a la vista era bastante desagradable. Pero hubo algo que generó un interés dentro de mí que me impedía quitarle los ojos de encima. Se llamaba Ariel.

La primera noche fue igual que con los demás. Llegué, lo conocí, tomamos algo, nos fuimos. La segunda, terminó con nosotros tomando algo y riéndonos todavía en el bar. Era diferente.

couple, kiss, and together image

Pasaron los años, Ariel y yo seguíamos juntos. Pero una noche, él no llego a casa. Traté de contactarlo, fue en vano. Después de meditar durante varias horas, se me ocurrió algo que deseaba que no fuese cierto y quise evitar pensar en ello. ¿Será?

Caminé y me tomé el único colectivo que me dejaba cerca. Allí estaba. Sentado, junto a una chica de no más de veinticinco años tomando algo.
Volví a casa. Ariel llegó después de un rato. No mencioné una palabra, pretendí estar dormida. Se acostó a mi lado y comenzó a acercarse cada vez más. Yo no podía evitar pensar en que me convertí en una de las miserables y pobres esposas de las que tanto me burlaba.

Abrí los ojos, y Ariel estaba sobre mí.