Entre a dárme un paseo por el jardín prohibido y me encontré contigo.
De todas las flores que aparecían en mi camino la más llamativa eras tú.
Tus petalos, suaves y lizos;
con tus colores vibrantes captivabas a cualquiera con ojos vírgenes como los míos.
Poco a poco me fuí acercando más a ti,
cada vez más y más enamorada de lo que aparentabas ser.
Pero tus pétalos suaves de pronto se convirtieron en espinas
y mi encanto rápido se convirtió en espanto porque
al igual que Eva, la tentación me llevo a la perdición
Y mientras tú felizmente reinas como la for prohibida en el jardín del edén,
yo caí víctima a tu ardid.
Mientrás te ríes de mi desgracia, puedo ver tus verdaderos dientes de serpiente,
los mismos con los que me mordiste el cuello para sembrar tu veneno.