Sacudirse el miedo como quien intenta secar un paraguas para guardarlo en su mochila un día de lluvia. Solo se consigue esparcir los miedos y mostrarlos al mundo. Cuando salen al exterior se hacen reales, y pueden cobrar fuerza sin nosotros quererlo. Pero también pueden esfumarse como el vapor e irse por la rejilla de ventilación. Aunque lo que más nos preocupa cuando intentamos sacudirnos el miedo son aquellas gotitas que por mucho que nos esforcemos nunca se separan de la tela, y que cuando guardemos el paraguas en la mochila mojaran esa libreta donde escribimos nuestros sueños. Porque por mucho que no queramos, el miedo se filtra. Se filtra por todas partes y nunca nos abandona. Solo podemos aprender a vivir con ello y usar el miedo para pensar si el riesgo lo merece, en si la caída podría ser dura, pero sobretodo, debemos usarlo para disfrutar más del vuelo y la libertad de saltar.

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