Y todavía no son ni las doce
y ya mis pensamientos empezaron
su batalla diaria contra el sueño.
Mientras mi cuerpo no aguanta estar despierto,
mi mente le grita tu nombre,
diciéndole que espere por ti,
que todavía hay un espacio vacío
al otro lado de la cama
y por más que trate de llenar ese vacío,
al final del día siempre cierro los ojos
y te veo junto a mí

...

Ya se acerca la una
y todavía no puedo dormir
porque en mi cabeza
solo tengo recuerdos de ti.
¿Cómo olvidar el sabor tan consolador de tus labios?
Ese sabor a café con leche por las mañanas
que ahora se esconde bajo el frío sabor del vodka y del ron.
La boca de la botella no es tan suave cómo la tuya,
¿Lo sabes?

...

Ya mi almohada no aguanta más.
Entre la tormenta de mis ojos,
que la ha cogido desprevenida,
y mis gritos de agonía,
que la han dejado sorda,
con la poca fuerza que le queda
acoge mi cabeza me dice:
"Ya son las tres, acuéstate a dormir"
y en ese momento mi cuerpo,
recibiendo el último golpe de la noche,
es vencido por el sueño
y por fin puedo cerrar los ojos
dónde veo lo que éramos tú y yo

...

Valeria Hernández