No me preguntes porque he huido
ni porque mis puños siguen sangrando
o porque ya no puedo contenerte la mirada.
No dudes de mis promesas
a pesar de que nunca las cumpla,
no dudes de mis lagrimas
aunque siempre sean translucidas.
Miro el sol de la madrugada,
y pienso en ti,
y en mi con el corazón magullado,
y en vuelos sin retorno,
y en mares sin agua
empeñados en ahogarme.
Unas manos me agarran las entrañas
y me suplican que me rinda,
me exigen que me detenga,
que no merece la pena buscar las respuestas
de todas las preguntas que no te atreviste a preguntar.
He decidido dejar de responderte a los gritos,
dejar de perseguirte en noche caída,
dejar de existir por ti,
dejarte existir por mi.
-NSA-