Elegimos amar
Muchos dicen que el amor sucede de momento, sin que te des cuenta, en el momento menos adecuado. ¿Pero eso es verdad?
Yo he llegado a creer que en realidad el amor sucede en el momento que uno así lo desea, pero los resultados no son por elección. Cuando somos niños soñamos con el futuro y el príncipe o princesa de nuestros sueños, conforme pasa el tiempo nos vamos diciendo “Pronto llegara, muy pronto a alguien me amara” nos predisponemos a nuestros deseos y en cierto punto ponemos el camino que nos lleva a ello.
Pero luego alguien aparece, nos pone el mundo de cabeza, nos hace feliz, nos hace sufrir y al final viene la frase “no me vuelvo a enamorar” pero tiempo después ocurre que los pensamientos vuelven a nuestra mente, una voz nos dice “inténtalo, puede que funcione, seremos felices de nuevo” le hacemos caso porque extrañamos sentir un torbellino en nuestro pecho que nos recuerde que estamos vivos.

Y se repite infinidad de veces. Hasta que decimos no más.
Convertimos nuestra vida en rutina, dejamos que las cosas sucedan como gusten, y dejamos la puerta abierta, pero sin mirar quien pasa por ahí, quien entra o quien se aburre y se va.
Pero a veces los murmullos nos llaman la atención, vemos una sombra constante que flota entre las paredes y los cuadros, que de momentos nos deja notas con risas incluidas, que abre las ventanas para que nuestros pulmones respiren, que nos tapa en las noches heladas. Que nos da fuerza.
Y esa persona nos enseña a elegir. Y hacemos lo correcto.
Elegimos amarle.